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Crónicas

    • 21
    • 09
    • 2026
  • Crónica Naturávila

    Llorar o reír, esa es la cuestión

por: Laureano Suárez

Llorar o reír, esa es la cuestión

“Quiero Llorar porque me da la gana”, eso dejó escrito el genio de Federico García Lorca, del que se han cumplido ya 90 años sin su pensamiento. Y lo cito porque a alguien se le habrá ocurrido pensar que soy un llorón cada vez que el golf me premia con la Tecla de Oro, cuando el vilipendiado 13 me señala con el indice.

Pues lloro porque me da la gana, porque me da vergüenza y porque me da trabajo, a mí, que soy un profesionql de la vagancia después de 50 años amarrado al duro banco del curro. Escribir una crónica me cuesta un esfuerzo. Cierto que el golf no es un trabajo. Es un divertimento, un gozo, una penuria, un alivio, una pesada carga, un tesoro y un infierno. Y dicen que es un deporte… Quién lo diría ¿verdad? Yo, que he pasado por el fútbol, el baloncesto, el tenis, el pádel y hasta el submarinismo, en ninguno de ellos encontré la angustia que se siente cuando la bola besa el hoyo y te muestra un enhiesto dedo para irse a reposar donde no hay salvación más allá del tripateo.

Uno no nació con el don de gentes de Jesús Pastor, con el donaire de Inés Casado o Leticia Olabarrieta. No me adorna la vida con la virtud de la paciencia y los años me han secado no solo las meninges, que también, sino las articulaciones, las fascias, los músculos y hasta el entendimiento. Resultado, Jesús ejerce de líder merecido, (scratch y handicap), y el de la crónica llora su impericia juntando algunas letras. La vida, el golf y el mercado son así, señora, impredecibles, y esparcen sus risas y sus llantos a su antojo, ajenos a tus deseos.

Me gusta Ávila y me place el Fresnillo. Lo abordo siempre bienhumorado y alegre, este último torneo no fue la excepción pero, la vida, el driver, los hierros y el recto y circunspecto put, no participan de mis buenas intenciones. El uno, va muy corto, los otros se muestran erráticos y el señor del green solo obedece a aquellos que le muestran adhesión y se juntan con él cada tarde al olor y al sabor de los hoyos.

Jesús, merengue hasta en el hábito, gran campeón. Hacía tiempo que no lo veíamos con ese aplomo que le da la bola en calle, con ese “tempo”, que lleva la bola a acostarse blandamente en el verde, porque lo de la sonrisa es sempiterno y lo de las fotos, vídeos y demás virtudes gráficas, inevitable. Virtudes compañeros que no solo lo adornan sino que lo califican.

En segundo categoría de handicap, el mejor fue Alfonso Mansilla y los pares tres se los llevaron Juanjo Pinedo (3), Pepe Sanjurjo (9), Jesús Pastor (13) y Ángel Rodriguez (16)

No lloro, no os preocupéis, río y me solazo viendo jugar bien al golf. Lloro la muerte de Federico y de su talento. Lloro por los que se rasgan las vestiduras y la conciencia acusando al de enfrente, sea cual sea, solo porque está enfrente. Lloro por este país de malandrines.

Riamos con los poetas, los payasos, los Pastores de la vida y sigamos disfrutando/sufriendo este arduo e bizantino deporte cada vez que el destino coloque un palo en nuestras manos.

Lloro sí, pero porque me da la gana. Gracias Federico. Enhorabuena Jesús.