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Crónicas

    • 22
    • 03
    • 2025
  • TORNEO SANTANDER

    Santander, bella tierruca

por: Laureano Suárez

Y, cuando desperté, la lluvia todavía estaba allí. Espero que Monterroso me perdone por el plagio aunque, la verdad, la lluvia mete menos miedo que un dinosaurio pero, si vamos a lo que vamos, cualquiera de los dos te pueden arruinar un día de golf.

Claro que, la lluvia, tan mansa ella a veces, puede provocar desde un resbalón inoportuno hasta una tremenda crisis política cuando no una tragedia como la de la DANA. Pero, por fortuna, no fue el caso.

El único dinosaurio en el campo era el que suscribe que, a sus años, sigue siendo un forrabolas de tomo y lomo, la prueba son estas letras que castigan a los que nunca están entre los primeros pero tampoco tienen la habilidad de colocarse entre los postreros, a salvo de crónicas en las que, aparte de dar cuenta de los vencedores, uno nunca sabe que contar.

Y, para que no se diga, ahí os recito la nómina de los héroes de la jornada: en handicap, el capo fue de Bandera, o sea, Richard. En scratch, el incombustible y nunca bien ponderado Pastor, don Jesús. Y los habilidosos con la línea y la distancia, César Fraile (3); Nacho Aranda (7), el pertinaz Bandera, don Richard (11) y mi buen amigo López, don Carlos (17) que dejaron las bolitas más cerca que ninguno en los pares tres.

Por cierto y para que conste, tengo testigos (Pedro, Paco y José Luis) de que a punto estuvo el escribidor de arrebatarle, con buenas artes, eso sí, el premio a Carlos por escasos 30 centímetros, así, a ojímetro. Un preciso hierro siete volando un poquito al “fade”, que aterrizó demasiado blando y no rodó lo suficiente cuesta abajo privó a ese esforzado juntaletras de presumir cual submarino en un lapo, por haber puesto la bola cerca de la bandera en un hoyo con el Atlántico por delante. Mmmm… bueno, Atlántico, Atlántico, tampoco ¿Mar Menor?

Lo cierto es que, a pesar del “orballu”, un poco más grueso a veces, o sea, orballu pero como si fuera del mismo Bilbao. Txirimiri le dicen allí, pues ya hay que ser tiquismiquis poniendo nombres porque conociendo su especial personalidad, bien le podrían haber llamado Txubasqueurrechu, que les pega más ¿No os parece?

Bueno, la cosa no fue tan mal. Eso para que se enteren bien los 24, sí, sí, dos docenas de “valientes” a los que se les arrugó el ánimo más que a un gusano frenando en seco, y no fueron.

Dejó de llover, el campo, para el agua que ha caído, no estaba mal y la compañía, ¡que o voy a contar!, unos fenómenos. Eso sí, mentirosos, no os hacéis una idea. Ejemplo: rabazo del juntaletras: gran alborozo ¡golpazo!, decía el uno; ¡campeón!, vociferaba el otro; ¡magnífico!, axaltaba el más ilustrado y discreto. Ahí lo dejo…

Claro, con esos compañeros de partido, ¿quién no disfruta?, pues… ¿los sordos? En fín, ustedes me disculparán si exagero o ironizo en demasía. Pero lo cierto y verdad es que, a pesar de mi impericia con un palo en la mano, la compañía resultó reconfortante por animosa y resignada al mismo tiempo. ¿Un golpe malo? Bueno… el próximo. Y así nos merendamos los 18 sin atrangantarnos ni nada.

Así que, campo bien, instalaciones bien, disposición buena, compañeros animosos, buenos amigos en el encuentro y un bar confortable con unas birritas bien tiradas ¿se puede pedir más? Pues sí. Que llueva menos, que el put funcione mejor y que las prisas no me impidan compartir un post partido, con gentes como Kike, Javier y Nacho, grandes golfistas e inestimable compañía.

¡Ah!, es posible que en el Robledal me castigue duramente el lumbago. ¡Que inoportuno! ¡¡¡Con lo que me gusta ese campo!!!