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El día empezó bien, viajando con nuestro amigo J. María Izquierdo, pero todo se torció cuando me enteré que la persona con la que jugué un torneo anterior y le mandé un bolazo a la pierna, no se había recuperado del todo. Mi mente se balanceaba entre un día mejor de los esperado en lo relacionado con el tiempo y lo peligroso que podía ser yo. Tampoco el nombre del club ayuda. No sabes si estás en Valdeluz o Montealvar. Ha venido a mi cabeza la historia de Pink Floyd en The wall (El muro). Veía peligros por todos los lados, como que hiciera lo que hiciera, todo iba a salir mal. Menos mal que mis compañeros de partido me intentaron subir la moral. Los tres “monstruos” que me acompañaron en este continuo vaivén me hicieron ver que con fe se llega más lejos, que te dan proteínas y consejos para mejorar. Incluso olvidarse que los continuos trenes que pasaron durante el partido no te deben distraer. A propósito, os recomiendo viajar a Zaragoza en 1 hora y 20 minutos y con buenos precios. Uno de estos monstruos jugaba en mi partido. Antonio López ganó el torneo en hándicap y nos enseñó varias veces como se pueden meter putts de 7 u 8 metros sin despeinarse. El vencedor en scratch fue Pedro Bernardo. Otro “muro” importante era pasar cuatro veces el barranco. Cuando en algún caso no lo lograba y quería tirar la toalla, ellos me empujaban a jugar una segunda bola y lograba pasar. Sin su ayuda mi cabeza decía adiós. Me gustaría resaltar los premios en los pares tres. Estoy contento porque mi amigo Pepe Navío lo logró en un hoyo. El otro quedó desierto. Y aquí me toca decir de nuevo que no era mi día. En el de Pepe no entré por medio metro y en el desierto me pasé un metro. Al final hay que quedarse con lo positivo: la lluvia no nos estropeo la jornada y la compañía te ayuda a mejorar.