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Crónicas

    • 20
    • 04
    • 2021
  • ENCIN

    El último no hace la crónica

por: Laureano Suarez

Ser agnóstico, ateo o budista, por decir algo, no ayuda para ganar al
golf. Me explico: ayer reinaba en el santoral San Expédito, general
romano que ganó una batalla que tenía perdida, solo con la ayuda de
dios. Yo me presenté en el campo esperando que el Encín estuviera
“libre de todo estorbo”, o sea, expedito. Pero, parece que no, que no lo
estaba, al menos para mí.
Ya veis lo que una humilde tilde puede hacer porque, aunque mi juego
no fue brillante, el puñetero Encín me puso más dificultades de las que
esperaba y San Expédito no estaba allí para enviarme un vendaval que
empujara mis puts al hoyo. Cierto que habitualmente llevo en la mano
una escopeta de feria en vez de un put, pero también es cierto que las
curvas de nivel de estos greenes no ayudan mucho.
Yo no sé si Javier Angulo es creyente y se encomienda a algún santo
entes de empuñar el driver, pero lo cierto es que ayer estuvo
bendecido porque hacer 39 en ese campito no está al alcance de
muchos. Y no perdáis de vista a Gerardo Corral y a Jesús Ruiz, que le
fueron a la zaga con 38. ¡Válgame en señor!, como diría Juan, el de los
Chunguitos.
Mi oprobio es mayor si tenemos en cuenta las circunstancias. El día era
bueno, relente mañanero, no molestaba el sol, no había viento y el
campo recibía bien. Y si ha esto sumamos que tuve la fortuna de
compartir partido con la encarnación de la calma y el sosiego: Paco
Mora; con Antonio López, un caballero que es esto pinta mucho, no en
balde está tercero en la clasificación general y, finalmente, con el
maestro, el sultán de swing, Crescencio Argüeso, no tengo disculpa: soy
un zote. Con semejante compañía, Forrest Gump se hubiera salido de la
tabla.
En fin, queridos, jugar al golf como un can, es lo que tiene, no solo no
ganas sino que, además, te cae en suerte ser el cronista, cuando a mí,
juntar tres letras con sentido me cuesta más que resolver una ecuación
cuántica. Como consuelo te queda pensar: “bueno, la próxima vez”.
Pero, ¡¡cáspita!!, nos espera Cabanillas, ese campo en el que la última
vez perdí la paciencia, el ánimo, las fuerzas, la calma y cualquier
vestigio de swing que hubiera podido tener.

Consuelo: el último no hace la crónica.